
Viajando hoy en el bus, recordé una breve conversación, sobre máquinas, humanos y naturalezas. Cuando una máquina comete fallos no es culpa suya sino del humano que la ensambló. Lo mismo ocurre con el ser humano, no es perfecto, si la naturaleza ha cometido errores.
Supongo que el tema esté me vino al coco al ver a un buen hombre pasar calor, me explico. Este señor se sentó delante de mi, pegando al pasillo, observando la ventana por donde entraba un sol abrasador. Lo más normal hubiese sido cerrar estas cortinillas de los chinos que traen todos los autocares de serie. Tener tenía manos, pero otra cosa era la acción.
Por un momento pensé que estaba un poco fastidiado. Sudando más que un pingüino en el desierto. Me quede un rato más clavando la mirada en sus actos y pude comprobar como estaba temblando, de los escalofríos que le recorrían. Un proceso febril le diagnostiqué hablando desde el empirismo puro, pues no pretendía molestarle, aunque la ayuda no se la hubiese negado.
Pasé en 5 minutos de pensar en imperfección a pensar perfección. Si las máquinas son perfectas, es por que quien las construye es sangre de su mismo aceite, su propio reflejo. Por lo que si el ser humano roza la perfección es por que su creador, la naturaleza, alcanza también esa escala en el mayor de los grados. Terminé anotándolo en la PDA, pero se me colgó…