Con las primeras lluvias del otoño ya acariciando tu mejilla. Con los grises cielos que nos esperan por muchos días, en los que uno no distingue la tormenta del “día soleado”. Con esta desorientación y para colmo con los ojos vendados; mientras los truenos acampan en el horizonte y las hojas empiezan a empapelar de marrón el suelo.
¿Quieres venir a saltar en los charcos?

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