
Y el folio blanco se tiñó de rojo, aunque ya no quedaba nadie a su alrededor. Solo queda el pesimismo para arrancar unas palabras al día, con los párpados cerrados para no pasar del negro al negro.
No se siente engañado, ya que nadie tuvo a su lado que le engañase. No le debía nada a nadie mas que dinero, y sus palabras en alto eran para sí mismo. Murió antes de nacer y dejó como herencia un universo vacío, que algunos llenaron de sueños; sueños infundados, como sus esperanzas.
Yo le dije adiós, y seguí navegando por la Estigia con una moneda en la boca. Las velas de mi barca se apagaron con los suspiros de la dama que me acompaña, y entre sollozos de esta bella mujer distingo a lo lejos el rechinar de unas puertas al abrirse.
Era hora de dejar atrás el olor a pólvora y el sonido de las bombas.





