Venga que lo rompemos todo. Ya estamos rozando horas típicas de aplastar la oreja contra el sofá, mientras leemos el diario de Patricia A. de estas 24 horas cargadas de pura cafeína del mismísimo Juan Valdés. Intentaré, tras la sobredosis de altas concentraciones de alcaloides de la familia metilxantina -ahora entiendo porque entran tantos yonkis viciosos al blog-, controlar la productividad, a razón de la velocidad rítmica de mi pulso. Los resultados, a parte de impredecibles por mucho que diga mi mamá la frase "", rozan una nueva dimensión, desconocida, a caballo entre la 4º del doctor Who y la 6º justo antes de alcanzar la famosa velocidad absurda.
Moraleja de hoy niños: pedid siempre descafeinados
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