
“A la mierda la vida, yo sigo soñando”
Y cuando tenga tiempo, además de soñar, escribiré otro ensayo. Por ahora me muevo entre celulosa impregnada de tinta.

“A la mierda la vida, yo sigo soñando”
Y cuando tenga tiempo, además de soñar, escribiré otro ensayo. Por ahora me muevo entre celulosa impregnada de tinta.

…y se estremeció al verla ahí, exhausta y realizada al mismo tiempo, pero sin comprender el porqué de lo que había sucedido. ¿Que ha pasado?. Mientras el profundo jadear de la joven se iba apagando, le pregunto que cómo las tenía. Más confuso si cabe aun, contestó con una mirada inmóvil, como si de un examen sorpresa se tratase, por no saber qué cojones le habían preguntado. Ella habló.
Cuando hay algo que te enturbia la vista, tu cuerpo da señales de auxilio para que alguien acuda en tu ayuda y así limpiar el borroso horizonte. Cuando crees que te vas a caer y te apoyas sobre la pared, es tu cuerpo el que responde contra esa adversidad, evitando así desmoronarte. Pero no sólo actúa en los momento difíciles, pues hay ocasiones que muestra signos dignos de ser plasmados, de no ser olvidados, deseoso ellos de que ese segundo de éxtasis dure una eternidad, de que la palabra fin, esté al principio de nunca. Mírame a los ojos y dime como las tengo. Él respondió, dilatadas…
Somos dos personas, dos maneras de ver la vida, dos formas de pensar, coincidir o divergir y al fin y al cabo eso, dos personas. Puedes acompañarnos, estás invitado.
[...]Y así da comienzo nuestro viaje…