
“A la mierda la vida, yo sigo soñando”
Y cuando tenga tiempo, además de soñar, escribiré otro ensayo. Por ahora me muevo entre celulosa impregnada de tinta.

“A la mierda la vida, yo sigo soñando”
Y cuando tenga tiempo, además de soñar, escribiré otro ensayo. Por ahora me muevo entre celulosa impregnada de tinta.

Perder el control no gusta a nadie. Menos cuando es el de tu propia vida. Y mucho menos aún cuando arrastras a personas queridas al borde del precipicio. A algunos de vosotros os vendrá¡ a la cabeza la idea de un accidente de circulación, y el típico tópico de joven y automóvil, igual a borracho e imprudente. Es normal; malditos los prejuicios que se anteponen a la razón. Pero no van por aquí mis tiros.
Hablar de accidentalidad en las carreteras españolas no es un tema que pueda tomarse a la ligera, pues ha habido demasiado dolor. No quiero profundizar demasiado en campañas de educación vial, propuestas de concienciación a conductores, controles de alcoholemia, puntos negros, radares y antiguas campañas de seguridad vial poco éticas (llamando imbéciles a los muertos en carretera).
No señora DGT, NO todos los que han muerto eran imbéciles, y los que lo han sido por ejemplo, superando la tasa de alcohol permitido en sangre para conducir, tienen derecho a su DEP.
No es un ataque contra la DGT, pero si un toque de atención a que cada uno haga lo que tenga que hacer.
Es muy fácil:
Sencillo, a que sí.
¿Y vosotros que prometéis?