Horas pasando a compás de tres, bar tras bar nos han visto esta noche decaer. Picar a la puerta del primer banco y salir corriendo al segundo gran charco a dar de comer a los patos, que volarán tan ponto como puedan, como el dinero que nos acompañaba. Otro cristal vacío de color sobre madera horizontal, mas las luces no paran de girar a compás de la música de la trastienda de un tugurio aleatorio dirigido por una mente irregular.
Hay ruido, pero serenidad; la rapidez son líneas en mis ojos -rojos- que se pintan nada rápido, y la felicidad está encerrada en el fondo de la botella de ron que no puedo alcanzar desde el banco, sentado y vomitando.
Y mañana a retorcerse en una cama posiblemente desconocida, maldiciendo la bebida, planeando abstenerme de por vida y sabiendo que será un fracaso y el mismo fin de semana se repetirá en bucle acabando en tragicomedia ya leída.
Porque cuando un amigo lo pasa mal, tú lo pasas mal. Si a eso le sumas cientos de kilómetros de distancia y que es uno de los mejores amigos que nunca has tenido, la cosa empeora.
Hay personas que las conoces desde siempre, has cogido confianza con el tiempo y ya son parte de tus recuerdos. Hay otras personas que conoces de casualidad, se cruzan en tu vida y sorprendentemente en unos meses se convierten en tu día a día.
Amigos hay muchos, y tengo la suerte de que los míos no se cuentan con números de 3 ni 4 cifras; amigos en los que confiar plenamente, que sabes que harían todo por ti y más, pocos. Por eso cuando uno de ellos no pasa por un buen momento, su malestar se contagia.
Como la inocencia perdida de un corazón de niño engarzado a un engendro metálico, el vagar de mis sueños se hace pesadumbre. El horizonte ya no es una línea más que contemplar, sino un enemigo a abatir.
Ni el peor de mis recuerdos ni la mejor de mis pesadillas desfiguraban un presente tan cargado de violencia estática. La verdad es que me dejé llevar por las insinuaciones azarosas del caótico destino y salí perdiendo. Se dibujaron sombras a trasluz de mi camino y yo las arrastré bajo el lucero del alba como parte de mis trofeos; qué equivocado estaba. El problema de la indecisión es no saber decidirse ¿o no? . Pues teniendo las cosas claras el problema es dejarse llevar por el viento de poniente, y mira que a mi lo que me hace sonreír es el cierzo.
La verdad es que me cuesta pensar en lo que voy a decir pero no en lo que voy a escribir. A veces las teclas se encadenan y dan lugar a ensayos aleatorios; y mientras tanto me río de mi llanto. Tú me ves triste, yo me veo genial; tú te lamentas, yo me río de ti.
De pandemias en el siglo XXI a través de internet:
Sí, un post sobre la gripe porcina, pero no voy a centrarme en la enfermedad, que ya bastante lo han hecho otros medios.
En la era de la comunicación, seguir el inicio de una -según los nuevos adivinos- vaticinada pandemia mundial, puede ser un tanto caótico. Una de las herramientas mas potentes para esto es twitter (aunque fue diseñada para contar qué hacías las 24h del día) . En twitter he podido seguir casos de infecciones en directo, alertas, los informes del gobierno, ruedas de prensa... casi todo pasaba por esa red social de logo azul.
Twitter se ha convertido en un medio poderoso, demasiado quizás, pero con un doble filo que asoma de vez en cuando. Nadie contrasta la información, las noticias van de boca en boca y algunos con ganas de crear revuelo se inventan las más absurdas tonterías con ánimo de ofender.
Para estar informado del avance de la gripe porcina, se crearon varios tags especiales de seguimiento (palabras clave para buscar y organizar los twitts). Pronto se empezaron a llenar de mensajes al segundo: empezó la histeria. La gente escribía lo primero que oía, lo primero que veía; otros aprovecharon para crear el meme más absurdo que he visto: sacarse fotos con las mascarillas cubrebocas y ponerlas de avatar. El spam descarado también hizo su aparición, y los chistes pesados se mezclaban con la información rescatable.
Pero a la vez muchos datos útiles se pudieron rescatar de la nube: informes y fechas de las ruedas de prensa, enlaces para verlas en directo, enlaces a webs con recomendaciones, ayuda... etc
Pero esto no es twitter, es Internet.
Los blogs echaban humo, los RSS sólo tenían 4 palabras contadas: infección, gripe, pandemia y muertes; los periódicos escribían micronoticias para ser los primeros en echar más leña al fuego, dos líneas de texto que luego ya, si el tiempo lo permitía o no se les acumulaban, las ampliarían con información de verdad.
Velocidad, exceso de información, pánico. No es el medio, es cómo se usa.
Oh Internet, ese caos, ese descontrol, todo eso te hace bella.
Y para cambiar drásticamente, uno de esos casos de caos organizado:
Otro que acaba, como hace un par de años, y me pregunto si estamos mejor o peor. Si hay conciencia, si hay ganas de hacer algo, de reclamar la sostenibilidad ecológica y promover el respeto hacia la naturaleza. La que dará de comer a los hijos de nuestros hijos, el día de mañana.
Para muchos el asignar un día a esta causa, es una soberana campaña de publicidad internacional, que simplemente sirve para lavar la conciencia de algunos. Que tendría que ser 365 días al año, el adoptar dicha conciencia. Pero se equivocan. El olvido, la falta de educación medioambiental y el progreso de una sociedad irrespetuosa con el medio en el que viva, es algo que se frena con una llamada de atención de quienes creemos que el desarrollo, puede estar ligado a una sociedad libre de prejuicios de marketing y entregada a una causa justa, como es la de proteger a los ecosistemas que viven con nosotros.
Os adjunto un video de Macaco, que suena en la radio. Parece que se va a convertir en el embajador y defensor de la Tierra -lo siento Bono-.
Macaco - Moving
ConJavier Bardem, Javier Cámara, Juanes, Juan Luis Guerra, Nubla, Orishas, Pitingo, LaMari de Chambao, y muchos más artistas, famosos, cantautores, os dejo. Yo me quedo con la frase:
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