Caca es otra forma más de referirnos a lo que jamás nos comeríamos, limpiaríamos y demás "íamos" similares. Todo se puede convertir en esta palabra si queremos recalcar que lo detestamos. El ejemplo más claro es el de una madre a su hijo pequeño. Cuando ella le dice que ese caramelo, tirao en medio de aquel charco de pestilente vómito, es caca, lo que en realidad quiere recalcarle es que no le recomienda en absoluto que se lo meta en la boca. Al final el crío pasará de la madre, en un intento de conseguir el Récord Guiness Marca Registrada de arcadas por segundo. Al grano Mariano, si ves que mucha gente te acusa de llevar caca encima, cuanto antes te limpies, antes podrás comprar las chuches a 6 céntimos.
Créeme si te digo algo, porque detrás de cada palabra que suelta mi boca, hay un trío de razones acompañando a cada consonante que la compone.
Escucha mi opinión, pues en ocasiones difiere mucho de tu punto de vista. No te vendrá mal un alejado enfoque que a veces, podrá reafirmar el tuyo propio y otras te servirá como punto de reconstrucción de los pilares que lo sustentaban.
Mírame como un a par y no como tu superior, mas extremadamente situado. No vislumbres una inexistente prepotencia en mis palabras, pues en la necedad caerás, y no te diferenciarás del "bota, bota y en tu culo explota", ni de lejano, como del primo al hermano.
Húndete y te joderás tú solo, ya que la transgresión es mi arma mas sutil, no apta para débiles de moral, tartamudos con el don de la verborrea y hermanas de la caridad.
Podemos pensar que una noche cerrada y con lluvia casi torrencial son una mala combinación de factores, y pueden serlo si te pillan desprevenido en campo abierto, pero el agua y la oscuridad sobre sus alas negras eran un bello adjetivo que daba valor extra a la escena.
No pude imaginar como semejante criatura divina, bien sea por los intrincados designios del destino o por las corrientes de aire, había llegado a mi jardín y ahora yacía moribunda sobre el suelo. Me daba miedo acercarme y romper la hermosa y macabra escena, pero la agonía es un estado intermedio entre la vida y la muerte y había que balancear los pesos.
Al tomarlo entre mis brazos sus dos alas cayeron al suelo, parecían arrancadas a mano, posiblemente por él mismo tras caer y antes de perder por completo las fuerzas, quién sabe por qué. Lo metí en casa, la calefacción sabía hacer su trabajo y los sofás blandos no hacen mal a nadie. Algo de comer, beber (pero qué sabía yo lo que un ángel bebía o comía, o si podría hacerlo) y parece que se fue poco a poco recuperando.
Se sentó, me dio las gracias.
Me contó su historia, se había escapado del cielo. Estaba cansado de vivir rodeado de cosas perfectas, la perfección no le resultaba bella, no había nada que pudiese rivalizar con nada ahí arriba y resultaba asfixiante. Bajó al mundo, un mundo imperfecto, que según él era donde residía la verdadera perfección y se arrancó las alas para no tener que regresar jamás.
Que ironía. Pensaba que lo perfecto era él. Él pensaba que lo era yo.
Se oyen truenos, más fuertes que el odio y el amor juntos. No son lejanos, rondan fuera de mí, en órbita entre el corazón y la razón. Pero nunca vi resplandor alguno. Dicen que es normal, que son las almas de quienes intentan colmar la calma con duros latigazos cargados de dolor y sinsabor. Pretenden ponerme un filtro gris, para acabar con mi día de una vez por todas. Son ingenuos, pues no conozco arco iris pobres en cielos metálicos sobre tierras volcánicas, pero si pobres gentes ensimismadas al igual que el perro del hortelano. Coman puerros y alégrense en la vida por el bien ajeno, ya que deseando el mal, acabarán perdiendo algo más que el pelo y los dientes con la edad.
Ayer de paseo por el camposanto recordé algo (y en el hecho de recordarlo subyace la ironía), que la mayoría de epitafios mienten: a nadie le recuerdan para toda la eternidad.
De camino a casa rasgué el hilo que me unía a la cordura, por un momento vi las cosas como eran. Los grandes monstruos del miedo a lo nuevo iban de la mano de las pesadillas de tiempos pasados, e incluso parecían llevarse bien con mis meteduras de pata que últimamente no salen a flote pero siempre me siguen a todas partes. Caí en la cama derrotado por oníricos gigantes que me arrancaban de cuajo sonrisas tontas sin venir a cuento.
Me di cuenta al abrir los ojos de nuevo que todo seguía igual, seguía siendo de noche y para el resto del mundo las cosas no iban a cambiar por mucho que yo no pudiese dormir.
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