Imagen: Pastor - alfonso benayas
Muchas veces he puesto a disposición de todo visitante, mi más sincera opinión y hoy, no va a ser una excepción. Dejadme atrasar el calendario, bastantes años, y permitirme hacer una pregunta. ¿En qué trabajaban los hijos?… La respuesta es rápida, en lo mismo que el padre. Se trataba de una sucesión de generaciones, con igual profesión. El abuelo carpintero, el padre carpintero y el hijo… carpintero.
Todo esto venía, quiero yo suponer, de una tradición borbónica, en donde el rey era rey, y su hijo, pronto lo sería, para luego su hijo hacer, más de lo mismo, hasta que alguien los echase de ahí. Pero esta patraña debería sólo ser aplicable en realezas y otros títulos nobiliarios, no en el mundo laboral.
Un padre, podría ser el mejor médico de la provincia, capaz de revivir vegetales andantes y suturar a la velocidad del rayo, pero a lo mejor su hijo, era un borrego y no tenía el don en las manos de curar a la gente. El hijo deseaba ser peluquero estilista, cortando remolinos indomables y agitando el bote de laca a menudo. ¿Qué ocurría en España?, que este acababa convirtiéndose en matasanos de por vida, por que su padre lo era.
De tal palo, tal algo. Entiendo que un chapista, intente inculcar a su primogénito la disciplina de moldear placas de acero, pero creedme si digo que la vocación viene de dentro y no se hereda a través de los genes.





18 de Septiembre de 2008 a las 10:31
Por desgracia, los padres deberíamos inculcar valores, controles de los sentimientos y emociones y otras muchas cosas más importantes que una profesión.
Muy bueno el blog.
Un saludo
18 de Septiembre de 2008 a las 21:54
Pues debe de ser que nuestros políticos son de familias que viven exclusivamente para esta profesión, porque sus descendientes no tienen ni idea de gobernar.
Lo del hijo que quería ser estilista me ha recordado a Zohan.