No existen las horas,
no existen los segundos,
solo tiempo que se va,
que se acaba y no vuelve ya.
Que entierra a mis seres queridos,
que vomita sueños por las noches,
olvida a cada uno de mis enemigos,
y evita colas cuando eres un niño.
No hay más tiempo, si te echo de menos,
si rompo en celo, y si pierdo el camino,
que prefiero cruzar pedo el otoño seco,
a ver morir a otro triste de mis recuerdos.
Abrir los ojos y recibir los primeros rayos del sol con una sonrisa era su manera de decirle hola al nuevo día. Cuando su larga melena color café (pero con leche) se separaba de la almohada, los optimistas quedaban menospreciados porque ella ya sabía que pasase lo que pasase a lo largo del día, el poder contemplarlo era razón de peso para levantarse.
Un desayuno ligero tras una ducha rápida y una ojeada a la portada del periódico de ayer que, como siempre, estaba en la mesa de la cocina esperando ser leído a posteriori; salir a la calle lista para ir al trabajo.
El resto de la historia no lo puedo escribir aún, tendría que improvisarlo, porque su destino era un camino conocido pero solamente ella podría elegir a que paso caminarlo.
Solo nubes entre mis dedos
de un año pintado de añil
que se desvanece sin espera,
no me mira a la cara
no rompe su silencio
y vuelve a dejarme de regalo
el mismo tardío Abril.
-Abril, causa y a la vez solución de tantos problemas….
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