Hoy necesitaba hablar, aunque sólo hubiese sido por SMS. Un simple, “cálmate” me hubiese servido. No soy una persona nerviosa precisamente, pero cuando me atacan, los dichosos nervios, pierdo la razón y la cordura. Es como si me encontrase en medio de una vía, maniatado de pies y manos, viendo llegar al tren a toda velocidad, pero sin poder hacer nada. Ves que los segundos se hacen horas y la máquina avanza, pero nunca está lo suficiente cerca como para darlo todo por perdido y sucumbir al embiste. Duran y duran los malos momentos.
Aprendí que los extremos son perjudiciales. Algo blanco, algo negro, lo importante es ver las demás tonalidades. Intenté no montar un teatro de calle, simplemente quería desahogarme en la acera. Decir un hola, luego un que tal, y hablar por hablar, lo necesario para que mis nervios se apaciguaran. Si alguna vez alguien sintió esto mismo, yo mismo me hubiese ofrecido para ser su pared, en la que apoyarse o darse de cabezazos.
Quisiera saber si esta moneda, es con la que yo pagué un dia, quisiera que me sacarán del fondo de la piscina, por que yo me acabé hundiendo de intentarlo. Hay que tener agallas para aceptar los fracasos. Poco a poco se consigue, tan sólo hay que calmar a la bestia, tirar para adelante y escribir en Pupilas Dilatadas, toda los nervios que por la boca escupo.







