
Doloroso lamento el mio, pues cuanto más le suplico a la noche que me deje abrazarte, más difícil me es ver tus ojos por culpa de sus oscuros planes. No derrames lágrimas, sabido era que el destino estaba tan escrito como escrito está en tus labios el color de la vida; rojo carmesí, delicado fuego que abrasas con besos mi esperanza de vida, sabiendo que por ti muero y muriendo por ti vivo.
Suspiros al viento que no son oídos por nadie, amores que se desvanecen acariciando tu desatada melena del color del más bello azabache. Tu aliento, dulce camino de vida, entrelazándose con mi agonía, deja impresa en mi la peor de las melodías. Réquiem por mi alma gélido como tus mejillas, doloroso a la vez como cual espina de pez clavada en la garganta, pero dulce como sólo tu boca puede serlo en este momento.
Que yo muera y tu vivas para recordarlo hace que muera feliz, pues si tu murieses, alguien nos tendría que recordar a los dos.
Adiós mi bella Capuleto




23 de Abril de 2007 a las 12:28
Mejor que no muera nadie, así nos ahorramos el dinero y nos lo gastamos en nosotros :D