Permitid que sea sincero, de buen comienzo no seré de vuestro agrado. Los caballeros sentirán envidia y las damas repulsión, no os agradaré ahora y os agradaré mucho menos a medida que avancemos. Señoras, os lo advierto estoy dispuesto en todo momento, no es ni un alarde ni una opinión, sólo, simple y llanamente un hecho médico sabed que la meto por doquier, me veréis metiéndola por doquier y todas suspirareis por ella, no lo hagáis, os acarreará problemas, estaréis más a salvo observando y sacando conclusiones a distancia que si metiera mi vara bajo vuestras enaguas. Caballeros, no desesperéis también estoy dispuesto y os aconsejo la misma precaución que vuestras patéticas erecciones esperen a que haya terminado pero luego cuando folléis, porque luego follareis, eso espero de vosotros y además sabré si me habéis defraudado, deseo que folléis con mi pequeña imagen agitándose en vuestros testículos sentid como lo sentía yo, como lo siento yo y preguntaos ¿ha sido el mismo estremecimiento que sentía él? ¿Tenía conocimiento de algo más profundo? ¿O existe un muro de desgracia contra el que todos nos golpeamos la cabeza durante ese intenso y resplandeciente momento? Queda dicho. Éste es mi prólogo. No hay rimas ni declaraciones de modestia, no contaríais con eso, espero. Yo soy John Wilmot, segundo Conde de Rochester, y no tengo ningún deseo de agradaros.
Porta - Lo que se avecina
Laurence Dunmore - El libertino (2004)




30 de Abril de 2007 a las 0:29
Ví nacer otros blogs semejantes
Creíble tu llamada a la precaución
No murieron, pero evolucionaron
Perdieron su aguijón
Se convirtieron en territorio domado
Lamento mi incapacidad a empalmarme con Johnes Wilmontes
Pero ni Bukowski, Verlaine ni Rumbaud
lo necesitaron para sus insultantes creaciones
Lo que no hallo son voces autorizadas
Y la autoridad, amigo, se gana con obras literarias
Donde se jodan formas
previsibles límites y cotidianas
métricas del bien pensar.
Al hada verde sólo se la nombra
(al menos en España)
para barnizarse de autor maldito
Un ágora, un ateneo, una “kedada”
hace cien años, que en esta tierra no ocurre,
de autores anarcas,
autodidactas,
malditos,
provocadores,
y libertinos.
Los hubo.
Murieron.
No aparecieron más.
Yo nací.
Y aún no he visto nada.
Autoproclamados algunos
pero luego quedaron en nada.
Murió Rimbaud
y apenas quedé yo para contarla.