Me gustaría transcribir los subtítulos de este video acerca de la intolerancia que ha de estar presente en muchos pensamientos de aquellas personas que no creen que exista un dios, dos o mil. No por el mero hecho de blasfemar -o si-, sino por el bello derecho de hablar de libertad de expresión. Creo en que cada uno tenga su propia opinión y creo aún más en cada cual defienda su postura, atacando o defendiéndose, en un clima de dialogo. Evitad etiquetarme después de haceros llegar esta entrada
Ultimamente he estado escuchando muchos quejidos y lloriqueos en la prensa sobre el ateísmo agresivo e intolerante como si eso de algún modo fuera malo. Parece que la religión puede atacar a otros, pero no tolera ningún ataque, como un asaltante callejero que llama a la policía cuando sus víctimas se defienden.
El ateísmo agresivo en realidad es ateísmo defensivo, porque ahora nada es más agresivo que la religión política. Ser un ateo o un secularista en estos días ya no se trata de renunciar a algo, sino de defenderse.
Por tanto cualquier ataque que reciba la religión merece ser diez veces peor. Y además, no creo que se pueda ser demasiado agresivo al defender la libertad de expresión, que, por supuesto, es absolutamente sagrada, como todos sabemos. Mucho, mucho más sagrada de lo que cualquier dios, profeta o escritura es, será, o podrá ser, desde hoy, hasta el fin de los tiempos o por la eternidad, lo que dure más.
A veces la gente me dice: "Eres tan intolerante, como la gente a la que criticas".
¿En serio? ¡Espero que sí, porque alguien tiene que serlo! Sobre algunas cosas soy muy intolerante y no tiene sentido intentar negarlo.
Veamos: ¿Misoginia y sexismo? soy extremadamente intolerante con ambos. Espero que no se ofendan por ello.
¿Racismo? ¿antisemitismo? No, con eso no soy tolerante, me temo. Lo siento.
¿Homofobia quiza? No tengo ni una pizca de tolerancia.
Vaya, sí que tengo problemas ¿verdad?
¿Qué hay de la crueldad con los animales? De nuevo, ninguna tolerancia en absoluto.
Pero prepárense, porque eso no es ni la mitad. No sólo soy abierto y descaradamente intolerante sobre estos temas, sino que si se usa la religión como excusa para alguno de ellos, me vuelvo agresivamente hostil y, lo que es peor, no me disculpo por ello, porque no hay nada por lo que deba disculparme. Y ustedes tampoco.
Siempre me dijeron que debo respetar los sentimientos de la gente. Bueno, está bien, pero ¿qué hay de mis sentimientos? ¿Qué pasa con la gran repugnancia que siento al pensar en el dios del desierto y los horribles pensamientos y acciones que inspira? Este dios es mi satán. Cuando oigo su nombre, huelo azúfre. Cuando oigo sus palabras huelo a muerte. Veo que su inmunda religión ha contaminado el mundo en el que tengo que vivir mucho peor de lo que podría hacerlo cualquier combustible fósil. Y veo que todo lo que a este dios se refiere ha sido diseñado expresamente para envenenar nuestra experiencia de vivir en la Tierra, no para mejorarla. Para mantenernos temerosos, suprimir el conocimiento, restringir la libertad y al creatividad y para celebrar la muerte. No es otra cosa que la estupidez santificada de la raza humana. Y exigir que se la respete es un insulto que merece ser devuelto con considerables intereses.
La religión no merece ningún respeto porque:
- No brinda ningún respeto.
- No presenta ninguna evidencia.
La evidencia, de hecho, no es bienvenida, porque elimina la necesidad de la fe. Y eso sería un desperdicio de esa falsa virtud.
La fe es una de tres falsas virtudes, las otras dos son la devoción y la moralidad. No son como una trinidad como tres hermanas feas. A diferencia de las brujas de Macbeth, que ven el mundo en un caldero, estas tres tratan de convertirlo en una hoguera y siguen muy atractivas.
Entre los muchos dones de estas agradables musas, tenemos el conflicto de Oriente Medio, para empezar, y ese es un regalo que parece interminable. Para no mencionar el cáncer en su centro: Jerusalén, esa joya del desierto, ese meadero celestial en la arena, desde la que ha rezumado la peste negra espiritual del Oriente Medio, esparciéndose por el mundo como una aceitosa pestilencia, contaminando todo lo que toca con una gruesa pátina de ignorancia piadosa. Sólo que no la llamamos ignorancia, la llamamos fe.
Que palabra horrible es esa; fe, que exuda un aura falsa de pureza y virtud, mientras da soporte a las ideas más horribles que ha visto este planeta. Cierra los corazones de la gente cuando debería abrirlos. Hace que se enorgullezcan de cosas que deberían avergonzarlos, y los avergüenza de cosas que deberían enorgullecerlos. Cuando observamos el barbarismo violento del mundo islámico, vemos que ninguna acción noble es demasiado depravada para una mente que se permite la total licencia que le da la fe. Si uno le toma completamente la palabra a este dios, se puede ser igual que él; un monstruo maligno y sin corazón y sentirse bien por ello. Incluso en el mundo occidental, nada es tan deshonroso que la fe no pueda desinfectarlo. Recordar que fue la fe la que privó a los gays en California de sus derechos civiles básicos, en el mismo día que Estados Unidos, elegían a un presidente negro. Fue la fe la que convención a los cristianos negros a relegar a los gays a la parte trasera del autobús.
Y todo esto sería espantoso en sí mismo, pero, debido a la libertad de acción que le damos siempre a esta falsa virtud de la fe, la religión está totalmente fuera de control. Ya tiene atravesada a las Naciones Unidas y está promoviendo una ley mundial contra la blasfemia, para proteger a la gente de escuchar algo qe extraiga a sus mentecitas de la Edad de Piedra.
El concepto de blasfemia es una perfecta ilustración, de la cobarde inmadurez de la mente religiosa y del vacío de la religión en sí. Si la religión contuviera alguna verdad, podría insultársela, ridiculizársela y hasta profanársela, sin disminuírsela en algún modo. Su verdad brillaría pese a ello sin ocultarse no alterarse, reduciendo a quienes la maltrataran a un silencio avergonzado. Pero las cosas no son así. La religión es irritable, intolerante, tajantemente defensiva, precisamente porque es quebradiza y frágil. Tiene la solidez de un merengue. Es todo frente y nada de sustancia. Tuvo miles de años para probar sus afirmaciones, y todo lo que produjo son sofismas, violencia, y una moral abigarrada que avergonzaría a una serpiente de cascabel. Y la demagogia insustancial de la clerecía ya no puede ocultar el hecho simple y llano de que allí no hay nada.
La única verdad sobre la religión, es que es falsa. Su pretensión de conocimiento superior es risible; ni siquiera tiene conocimiento inferior. Ni una sola de sus afirmaciones absurdas sobre la realidad tiene una esperanza en el infierno de sostenerse en una corte, y es hora de que dejemos de tratarlas como si se sostuvieran. Es todo lo que decimos y es todo lo que pedimos. Y el que piense que eso es demasiado agresivo, ya sabe lo que puede hacer. Y si no lo sabe, no tengo ningún problema en decírselo. Paz. Idea loca, tiempos locos.
4 de Diciembre de 2009 a las 0:17 at 0:17
Información Bitacoras.com…
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Cuanta razón tiene este señor:
Las religiones han provocado mas muertes y guerras que ninguna otra creencia. Son peligrosisimas e intolerantes.
La humanidad debería reflesionar sobre eso. Yo creo que hemos venido al mundo para ser felices y no esperar a morir para serlo según te anuncian las religiones.
En este mundo es donde hay que procurar hacer felices a los demas y no crearlesmiedos y temores que hcen que las personas no sean felices.
Despues de dos mil y pico de años todavia no ha habido ninguna evidencia de la verdad de ningún Dios.
Todo son mentiras y lo peor es que la humanidad o una gran parte de la humanidad se la ha creido y así le va.