Y a pesar del resfriado digno de un sureño en Bilbao, tiró el paragüas al suelo, la cogió de la mano y saltaron en todos los charcos que había en el camino a casa. No le buscaron sentido, razón alguna: se dejaron llevar.
Si necesitas que tu vida tenga sentido puedes aferrarte a cualquier pensamiento mundano, a cualquier sentimiento irracional (por ejemplo el amor) o al 42, como quien dice otro número. Si de verdad quieres vivir, entonces sonríe: le encontraste sentido a la vida.
El algodón de azúcar el lo más dulce, pero a veces al comerlo se endurece y produce una sensación desagradable. A veces cosas parecidas nos pasan en nuestra pequeña utopía y resquebrajan nuestro plan infalible de ser feliz y bla bla bla. La vida, indefinible por los que les gusta definir las cosas, es tan perfecta que rebosa de cosas buenas, tantas como de malas.
¿De verdad una sonrisa no tapa tantos agujeros del pasado?
Y alguien sabe que la vida sigue, pero necesita hacérselo recordar a otra persona. Hazlo cada día, cada hora. hazlo con una sonrisa.
Go play!
Y mientras yo sigo pensando que si la gente comprendiese la diferencia entre libertad y libertinaje el mundo sería un lugar mejor :)
Foto: Cotton Candy Lovers! - Marimmon
Suena: P!nk (o como dice Adrián, que siempre está pensando en lo suyo: Ping) - Sho What
Odio el metro. Debe ser por el parecido con mi vida. Te embarcas en un tren hacia un misterioso agujero, de un color entre negro y muy negro, que te lleva hasta tu destino. Sabes a dónde vas, pero no cómo vas, o lo peor, si llegarás al destino. Entrañas oscuras y con un olor a cerrado, que inunda los cerebros sin tiempo, de los que se atreven a surcarlas. Lo único que tuviste que elegir fue el meterte en aquel vagón, y agarrarte como puedas entre golpes de cambio de carril, traviesas a desnivel o conductores suicidas. Todo lo demás, implica un sin control. A veces te reconforta ver luces en las paredes. Son simples placebos, pantomimas de un alivio tan pasajero como el turista de enfrente o la sorda que recoge firmas, para su propia ONG. Circulando a gran velocidad, sin saber de qué lado te vendrá la siguiente curva y totalmente a oscuras uno se agarra al mismísimo cuerno del diablo, si hace falta, para llegar al final. Después de todo, tarde o temprano acabarás volviendo a meterte, hasta el fondo en otro agujero negro.
La inspiración se ha vuelto tan intermitente como las lluvias en otoño por esta zona de la Península. Las hojas caen al compás de mis ánimos y al unísono el aire los lanza de nuevo pretendiendo alzar el vuelo. Los folios se marchitan y se empapan de réquiems con olor a tierra mojada.
Los sonidos de la mañana o tal vez la inercia me llevan hacia la entrada de un nuevo día; la niebla espesa será hoy mi nueva compañera de bus. Al fondo las viejas piezas de la chapa vibran produciendo un contínuo ruido que rompe el cálido silencio, premonición de lo que nos espera fuera, en la calle, donde el silencio se desvanecerá y de cálido quedarán recuerdos tan nostálgicos como efímeros.
En qué coño estaría yo pensando… ahora me tengo que tragar toda esa mierda que ladré por las esquinas de rincones oscuros llenos de gente esperando oírme para después aplaudir mi ego y elevarme por encima del resto de mortales.
Pero todo lo que sube baja y yo me acabo de estrellar contra el suelo.
Varias cosas AdT:
Si alguna canción no funciona, quieres saber el nombre de alguna en concreto o el autor, escribe un comentario.
Si aún no habéis visto Weeds, tardáis.
Foto: Tire Swing - CaptPiperSuena: Fuck, i was - Jenny Owen Youngs (de la BSO de Weeds)
21 de Septiembre de 2008 a las 21:10
Al teclado H.
Siempre le habían dicho que no mirase hacia abajo, pero Alice estaba convencida de que si nunca miraba, no comprendería de que debía tener miedo. Se sentó en el borde de la roca más alta del abrupto acantilado y con las piernas suspendidas en el aire, apretó sus manos contra el borde que separaba el suelo del aire. Decidida agachó la cabeza.
Un hermoso río encajado en la roca reptaba a decenas de metros de ella; a medio camino, pájaros que iban y venían ajetreados rompían el aire a voluntad. Era algo de lo que no debería tener miedo ¿Por qué no mirar hacia abajo? ¿Por qué perderse algo tan hermoso?.
Ensimismada, un movimiento en falso hizo que la maldita gravedad actuase según lo planeado, y la muchacha cayó al vacío dejando atrás un ahogado grito de desesperación. Todo pasaba a cámara lenta mientras el aire acariciaba sus mejillas y hacía que su pelo bailase al son del libre albedrío. Las distancias se acortaban, el fin se acercaba con violencia, tocó el agua y entonces…. entonces despertó envuelta en sudor.
Desde aquella noche ella siempre lleva la cabeza bien alta, no por vanidad, no es de esas. Sabe que no mirará más hacia abajo porque ya sabe lo que se va a encontrar.
Una canción resuena en la calle. No la trae el viento, la trae su voz que agoniza. No se cuando volverá; no se ha ido y no veo momento para echarla de menos. Esa maldita me ha fallado, la miré a la cara y me dio un aliento envenenado; vanas esperanzas, hace que uno se sienta traicionado. Su vestido negro desgarrado no es sino reflejo de los malos ratos que ha hecho pasar a gente como tú. Se regocija cuando puede teñir de negro otra vida, clavar acero ardiendo en el camino y bifurcar destinos para siempre. No es lo que quiere ni lo que puede, es lo que desea en ese momento. Tendré fuerzas para retarte cara a cara, seré yo quien te quite la vida. Puta puta diosa fortuna, púdrete.
La oscuridad se había dejado caer por allí como colega de toda la vida. Eran ya más de las once de la noche, y como todos los días a esas horas, la ciudad estaba envuelta en una bruma grisácea que empapaba todo de un olor a viejo y a humedad.
La chica, demasiado joven para un barrio como este, salía de un alto edificio adornado con una cochambrosa fachada. Con andar firme y seguro, su ardiente melena anaranjada (que recordaba en todo momento que no era más que una niña a la que robaron su niñez) se cruzó con la luz de una tímida luna llena escondida tras los otros edificios habitados ahora por felices familias de ratas.
Ya en la calle, fijó su mirada donde el horizonte se disolvía y esta le devolvió calles estrechas pero con el suficiente espacio para dejar pasar dos coches si estos subían sobre las aceras. El ruido de los motores dotaba de una ronca banda sonora a la escena, tan solo rota por el chocar de los tacones rojos de la chica contra el cemento. Su paso decidido desgastaba los tacones al mismo ritmo que desgastaba su vida; lentamente pero sin demora, paso tras paso.
Las palabras de ese gordo aún retumbaban en su cabeza. “Haz que parezca un accidente, y a ser posible, que sufra tanto como nos hizo sufrir a nosotros…” y ella así lo haría. Pese a tener sólo 21 años era una experta en su trabajo: le robaba la vida a la gente y así se ganaba la suya. Muertes por dinero, era sencillo y lo tenía bien claro; al fin y al cabo, por pocos años que tuviese, no dejaba de ser una vulgar mercenaria perdida en el siglo XXI.
Esos brillantes puntitos en el cielo rompían la monotonía del cielo nocturno. Poder ver las estrellas era un verdadero lujo, fuera del alcance del día a día de un “habitante” de la gran ciudad.
La mayor parte del año era una triste marioneta preocupada por cosas absurdas de nombres jodidamente enrevesados, los cuales me pasaba gran parte del día introduciendo en el ordenador para tener mis informes a punto, no ser despedido y poder seguir comiendo esa porquería precocinada envasada al vacío.
Pero ahora podía olvidar eso por un instante; estaba a kilómetros de todo núcleo de población mayor a 1000 habitantes, nada llenaba de humo el aire, se oían animales (animales que no fuesen únicamente palomas revoloteando sobre el pedregoso suelo de una plaza cualquiera) y la brisa acariciaba mi cara mientras fijaba la vista en ese inmenso cielo que siempre está ahí y nunca, debido a nuestros problemas absurdos por cifras inventadas o líneas imaginarias, podemos ver.
Ahora pienso, ese yo no existe, es mera invención, yo ahora soy el tipo tirado en el campo, no vivo en la ciudad, miro el cielo cuando quiero y me río de todas esas cifras; provoco la ira y me río a carcajadas por ello, lamentablemente para algunos no me hace sentir mal, al contrario, pero lamentablemente parece que todo cambiará.
Pero ¿y si no me fuese? ¿y si siguiese mirando las estrellas?
Pero ¿y si la vida no fuese como siempre te han hecho pensar que era?
Si piensas que tan solo es un día más, será tan solo un día más.
Foto: When the sun goes down, the stars come out to play , _belia
…y se estremeció al verla ahí, exhausta y realizada al mismo tiempo, pero sin comprender el porqué de lo que había sucedido. ¿Que ha pasado?. Mientras el profundo jadear de la joven se iba apagando, le pregunto que cómo las tenía … >>
Así empezó tal día como hoy, hace un año, Pupilas Dilatadas. Estaría bien contaros, el número total de entradas que hemos desterrado de nuestra mente, o el número de viandantes a los que le hemos tocado la fibra óptica por un sólo momento. O la cantidad exacta de alegres coplas, y directos versos que han sido escritos en binario en algún disco duro de Madrid. !Claro que si¡. Estaría bien, pero estaríamos dejándonos llevar por la temporaria euforia de los 365 días aguantándonos el uno al otro. Además NO queremos ser una oveja blanca trasquilada, contando las bobinas de lana que hemos llenado durante todo este tiempo, y anotando quien ha producido más o menos. Únicamente mencionare un dato estadístico; 2 autores con sus dos formas de pensar, a veces blanco, a veces negro, pero siempre nosotros mismos (al menos pone eso en nuestras dosetiquetas).
A mi, A. le gustaría hacer un pequeño resumen de lo que ha significado para mi Pupilas Dilatadas durante este año. Un servidor, cuando empezó todo esto, desconocía las consecuencias que iba a traer el escribir, a veces bien, a veces no del todo bien, un blog personal y de carácter propio. Intentando provocar y suscitar la atención de los peatones de la red y consiguiendo despacio un espacio en el palacio de la blogoesfera. En nuestro recorrido, he intentado plasmar, momentos de indignación, alegría, desesperación, infamia, desamor, fortaleza y otros chicos del montón. He de reconocer que con lo que me he ahorrado en pichiquiatras, me he comprado un billete que me ha llevado hasta mi próxima estación: la continuación en Pupilas Dilatadas Punto Com
H.: Mi turno:
Un año hace ya de la gran pregunta “Oye, ¿Hacemos un blog?” y lo que todo este año habéis podido leer, mirar, oir y disfrutar, a la par que odiar, todo eso es la respuesta.
Es gracioso comprobar como a la gente le gustan los memes, otros se aferran a discutir tus entradas, e incluso algunos post se usan como chat; gracioso y gratificante.
En este año de navegar con nuestro propio barco por la inmensa blogosfera (barco barco…más bien unos palos de bambú xD) he descubierto muchos rincones agradables y hecho muchos amigos que se dedican a plasmar sus pensamientos en html. Para mi, esto de escribir es más que un hobby y diversión, disfruto verdaderamente creando cada post, colocando cada imagen y eligiendo sin mucho cuidado las canciones que acompañarán mis letras, solo dejándome llevar por mi propio gusto.
Como la parte más importante del blog son los que están al otro lado (y sabemos que alguien hay), esperemos que sigan disfrutando con nuestras historias, relatos y pensamientos peculiares.
Sin más palabrería, yo mismo lanzo un gran gran ¡FELICIDADES!
Y el folio blanco se tiñó de rojo, aunque ya no quedaba nadie a su alrededor. Solo queda el pesimismo para arrancar unas palabras al día, con los párpados cerrados para no pasar del negro al negro.
No se siente engañado, ya que nadie tuvo a su lado que le engañase. No le debía nada a nadie mas que dinero, y sus palabras en alto eran para sí mismo. Murió antes de nacer y dejó como herencia un universo vacío, que algunos llenaron de sueños; sueños infundados, como sus esperanzas.
Yo le dije adiós, y seguí navegando por la Estigia con una moneda en la boca. Las velas de mi barca se apagaron con los suspiros de la dama que me acompaña, y entre sollozos de esta bella mujer distingo a lo lejos el rechinar de unas puertas al abrirse.
Era hora de dejar atrás el olor a pólvora y el sonido de las bombas.
Eran las nueve de la mañana. Los cristales de la ventana se secaban las últimas lágrimas, recuerdos de toda una noche de lluvia. Un eco lejano retumbaba en mis oídos, dejando distinguir alguna palabra de Aristóteles o su maestro Platón y su manera de ver el mundo. Todos a mi lado parecían atender. Todos excepto el chico de negro.
Se sentaba en la tercera fila, apoyado en un radiador que agonizaba por mantener el aula a una temperatura habitable en pleno invierno. Lo miraba, se pasaba horas escribiendo en un pequeño cuaderno que guardaba con recelo. Hoy estaba solo; la chica rubia que solía sentarse a su lado había faltado a clase durante toda la mañana.
Me acerqué a ver. Pude echar un vistazo rápido a la hoja que estaba escribiendo, antes de que lo cerrase con violencia y me dedicase una mirada de frío odio. Recuedo las palabras escritas en negro: “Eran las nueve de la mañana…”
No apartes los ojos cada vez que nuestras miradas se entrelazan. Vuelve a coger mi mano como antaño, en los caminos regados por marrones hojas de un otoño cualquiera. Crees que no me he dado cuenta, que sigo sin saber nada, pero tu cara es un libro abierto, y hace tiempo que me enseñaste a leer en él.
-Vas a decirme adiós ¿verdad?
-No voy a volver
No me importa, me alegro de que ya formes parte de mi vida. de mi historia personal. Aunque te alejes miles de kilómetros o simplemente dobles la esquina de la próxima calle, seguirás aquí, dentro de mí.
Procura darme el último beso antes de partir sin despedirte, así el dolor será menos doloroso, y la luz que te ilumine mientras te alejas no titubeará para luego dibujar un “THE END” típico de una película antigua.